| Garrido Ángel Rubén |
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Loja, 1980 - Quito, 1978 Ángel Rubén fue un niño muy inquieto, amigable y le gustaba mucho el dibujo y la pintura. En su último año de escuela demostró sus grandes virtudes artísticas, las que fueron incentivadas por sus maestros. Estudio los primeros años de secundaria en el Colegio Bernardo Valdivieso, su pasión y amor por el dibujo y la pintura fue más poderoso. Dedicó tiempo para expresar su inicial obra y exponer varios de sus trabajos artísticos, los cuales fueron valorados por el Ilustre Cabildo Lojano, Institución que lo premió con una beca para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Quito, había logrado entonces su máxima aspiración. Esta escuela desde su reinauguración en mayo de 1904 había alcanzado una nueva y moderna singularidad artística. Los gobernantes nacionales de esa época se preocuparon porque la escuela diera su máximo rendimiento, e invitaron a los organismos nacionales de la república que becaran a los jóvenes artistas más prometedores para que fueran allá a ampliar sus técnicas y conocimientos. Era la época del impresionismo y del realismo, de influencia de la vieja Europa, Francia especialmente. Por aquellos años llegaron al Ecuador artistas extranjeros que enseñaron a los nacionales nuevas directrices con la presencia de Paúl Alfred Bar. En este ambiente artístico que vive la capital llega Ángel Rubén con gran compromiso y nuevas perspectivas. Entabló nuevas amistades sobre todo con la de su maestro Víctor Mideros que fue su profesor de dibujo, y luego fue su ayudante de taller; influenciándose de su obra de carácter religioso. También compartió experiencias con el pintor Sergio Guarderas y Luís Arroyo. En sus documentos archivados consta como uno de los más destacados alumnos, hasta su culminación con su graduación como maestro en artes plásticas especialidad pintura. Debía regresar a Loja, a cumplir con su tierra, a enseñar lo que aprendió, a dar testimonio de su capacidad y talento, permaneció poco tiempo, regresándose a Quito, conoce al pintor español José María Roura Oxandaverro, excelente dibujante y plumista, quien lo invita a radicarse en Guayaquil. Ángel Rubén permanece en el Puerto durante dos años, su inclinación por el arte religioso lo lleva a pintar y restaurar obras de este tipo. En 1923 regresa definitivamente a Loja, poseedor ya de experiencias y prestigio, por lo que recibe congratulaciones de admiración. Su regreso a Loja coincidió con el requerimiento de artistas para cumplir con algunas obras religiosas que decoran la iglesia de Santo Domingo, fue allí donde el clero lojano conoció al artista y apreció su calidad, las lecciones y las técnicas de su maestro Víctor Mideros, que conjuntamente con su hermano Enrique Mideros confluyen hasta su culminación en la obra encomendada. La iglesia del convento de las huérfanas, regentado por las madres Marianitas estaba por concluirse. Para su decoración fue contratado el artista Garrido. Algunas pinturas suyas reposan en esa iglesia. Los cantones orenses colindantes de la provincia de Loja por algún tiempo estuvieron bajo la jurisdicción eclesiástica del obispado de Loja. El prestigio del artista llegó también a esos lares, el párroco de Ayapamba lo contrató para que trabaje algunas obras de su iglesia, esta noticia pronto llegó a Piñas, por este tiempo reconstruían su iglesia y fue contratado para su decoración, trabajó dos años adornándola con algunos óleos que recuerdan la vida de Jesús y su iglesia. Regresó a su tierra en 1935. En esta ocasión logró un acuerdo con el Ilustre Municipio Lojano, organizaron una Escuela de Dibujo y Pintura, funcionó en los salones del piso alto del viejo edificio del cabildo, calle Bolívar y 10 de Agosto. Fue una gran novedad en la recoleta ciudad de 14.000 habitantes. Asistían muchos alumnos, especialmente jóvenes de todos los estratos sociales; el resultado de los conocimientos adquiridos y de los trabajos artísticos realizados durante el año, los conocía la ciudadanía en la gran exposición que se realizaba en el Municipio con la ocasión de las fiestas novembrinas y de la independencia de Loja; la cual era muy visitada, constituía uno de los sucesos más importantes de las fiestas lojanas percibiéndose un gran ambiente artístico. El medio de esta época era muy pequeño y su economía de carácter familiar no muy propicia para vivir de los reditos del arte; en pocos años se saturó el ambiente y la política cerró la Escuela, sólo quedaron buenos alumnos y buenos recuerdos. Por algunos años prestó sus servicios como profesor de dibujo en las Escuelas Miguel Riofrío y 18 de Noviembre de esta ciudad. Su trabajo artístico creativo y recreativo, en gran parte, estuvo dedicado a la obra de carácter religioso. Conoció a la perfección las técnicas de pan de oro, laminado en oro que se sintetizan en los tallados de altares, marcos y terminados en los lienzos, ubicados en las iglesias de la ciudad de Loja y Saraguro que aún se conservan. Las iglesias del Colegio Mariana de Jesús de la ciudad de Loja y de Catacocha fueron decoradas íntegramente por el artista. De sus paredes cuelgan algunos de los óleos sobre la vida y pasión de Jesús. Durante dos años la ciudad de Sozoranga acogió con mucho cariño a Rubén Garrido; decoró la vieja iglesia que con el tiempo fue destruida, Pero que aún se conserva 17 cuadros al óleo de su autoría, de profundo contenido religioso y que se encuentran en manos de las autoridades locales como un patrimonio artístico imperecedero. Estos óleos son de variadas dimensiones en los que se puede apreciar la gran capacidad artística y el elocuente contenido religioso, de un colorido exuberante y rico en variedad tonal, cuya limpieza refleja su maestría de pintor que además es aferrado a este estilo de expresión dentro del arte. Entre algunos óleos que se encuentran a la vista del público, de contenido artístico creativo, y que supo aplicarle especial dedicación son: "La Justicia", para la Corte Superior de Justicia de Loja. "El ángel del dolor", para el Instituto Miguel Ángel Suárez de Loja. «El Cura de Arce», para el Seminario de Loja. «Santa Cecilia», para el Coro Santa Cecilia de Loja. «La Virgen del Carmen y el Purgatorio», para la Catedral de Loja. «Santa Luisa de Marillac», para el Colegio la inmaculada de Loja. Garrido en nuestro medio a través de su ámbito de expresión supo promulgar, difundir y defender las artes plásticas en Loja, convirtiéndose en uno de los artistas antecesores más connotados de su tiempo de nuestra plástica lojana. A través de su destacada maestría supo poner en alto el nombre de Loja, aportando grandemente al arte religioso de su ciudad y su provincia que es digno de reconocimiento y encomio de la sociedad lojana y ecuatoriana. Fuente: Artes Plásticas del Siglo XX en Loja de Ángel Braulio Aguilar M. |
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