Artes Plásticas

Serrano Granda Manuel PDF Imprimir E-Mail

Loja, 1945

Sus estudios de Arte los realizó en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Técnica Particular de Loja, en el período de 1978 a 1980, de la que egresa de Tecnología en Cerámica y Decoración. Posteriormente estudia en el Taller de grabado de la Matriz de la Casa de la Cultura de Quito.

A su regreso a Loja funda, conjuntamente con Guillermo Herrera, el Taller de Grabado de la Casa de la Cultura Núcleo de Loja, y el 24 de Agosto de 1984 inauguran el taller con una muestra selectiva de esta obra, en el que participan también Estuardo Figueroa, Francisco Lojano y Salvador Villa, como integrantes del Taller... Alfredo Jaramillo Andrade, en esta presentación expresa:

Manuel Serrano ha realizado un sinnúmero de exposiciones colectivas e individuales de su obra, como también ha traspasado los linderos patrios para mostrar su enorme inquietud por aportar positivamente en las artes plásticas: entre sus principales exposiciones cuentan en Ecuador, Perú, Brasil, Francia. Su visión ha sido no endiosarse con los triunfos, currículo o medallas para trascender su obra, sino más bien saborear de las derrotas para amasar nuevas formas de expresión que susciten al ser - hombre nuevas perspectivas de cambios y transformaciones.

Manuel Serrano ha caminado por los turbulentos caminos del dibujo, la pintura, grabado y la escultura, dejando plasmado incesantes inquietudes en cada una de ellas. En su taller encontramos lienzos a medio terminar, óleos arraigados en diversas temáticas, esculturas multisociológicas, dibujos con manchas frenéticas que salen del bosquejo y grabados derivados de su profunda visión antropológica.

Serrano en el dibujo procede desde el campo autodidacta, ensaya sus primeras líneas con ciertas grafías en el tejido epitelial de las hojas de los pencos, sin otro instrumento que su aguzada espina. En su vida estudiantil concursa en muchos certámenes de dibujo, recibiendo congratulaciones elogiosas. En el transcurso de sus estudios en la Escuela de Bellas Artes logra afianzar con mayor fundamento su dibujo y adquiere mayor personalidad en su línea, bocetada por conformación de formas y volúmenes hasta llegar a la figura humana, la cual es de su preferente gusto por su gran expresión y temática que ofrece. Esta figuración ejecuta con gran maestría, el manejo de la anatomía y movimiento, sus lineamientos son indigenistas, por lo que el autor lo nombra como «raíces», que son ancestralmente más descifrables, pero su propuesta es compleja y delimitada, son los problemas del "ser y no ser" por su cosmovisión abigarrada y ambigua. También por su pequeño formato frente a la insostenible fuerza que engendran y dan origen a elementos humanos como que condujesen a crear desastres, con el único deseo de escapar o de enmarañarse en el caos insatisfecho del más allá, que, a veces, resulta de dura factura plástica; que parece dibujar sobre la mancha, y deja aparecer criaturas que están al borde del «ser o no ser», conjuntamente con su filosofía que se inserta en una profundidad deslindante que ata al vacío del espacio en espacio limitado.

En sus composiciones predomina la línea curva y los vacíos estéticos, el arco esbozado de movimientos y rasgos sueltos y caprichosos, en caminos que dejan enormes vacíos, con agrupamientos goyescos y de laberintos que fusionan Rembrant de claroscuros; que van avizorando eternidades de proyección en el que estéticamente son de gran interés y de buen gusto para el observador.

Serrano en la pintura ha incursionado el costumbrismo, indigenismo expresionista abstracto lírico y formal. En el costumbrismo en primer momento se detecta al hombre, sus costumbres, sus fiestas, con aquellos desfiladeros de multitudes y de personajes solos con ciertos alargamientos maquiavélicos. Sus composiciones curvicéntricas son su característica, su colorido poli cromático insinúa los trajes de la gente campesina empleando para ello los colores rojos, azules, amarillos y verde hierva, casi puros en su equivalencia.

Su pintura indigenista tiene mayor consistencia plástica y técnica, parece encontrarse a si mismo, por su originalidad y estilo; su composición ya deducida está enmarcada en la dialéctica de su pincel que lo maneja con gran informalismo estético, que sintetiza formas y volúmenes en manchas rasgadas de tonos puros, con instrumentos letales pero controlados por su inquieta forma de crear y buscar expresiones que concuerden al afán de percibir su propio ser, de ser artista.

En sus abstracciones pretende sintetizar ese mundo interior y esterior que ha venido planteando y lo encuentra al parecer a la forma, expresando con grandes fragmentos de ese mismo ser hombre, enmarcado como un atacado elemento de desposte animal, aquí se olvida momentáneamente de su conocida composición curvial y más bien se toma las masas para hacer aparecer volúmenes como ciertos fetiches que no son directos, pero que sugieren referentes al ojo visor.

Pretende también en breves momentos llegar a una abstracción formal como el experimentar con volúmenes planimétricos implementando diseños de bordes Inquiridos sin precisión, pero con mayor libertad que sugieren un dibujo relleno de color, de un inestable proceder pero que se suma a la inquietante visión de este artista, de destrezas abstractas que lo ha demostrado parcialmente, pero elocuentemente su obra abstrae su fiel incursión del saber hacer y enfrentarse a cualquier ismo básicamente sufragando su originalidad.

No cabe duda que Manuel Serrano, es más dibujante que pintor, es eso tal vez que le hace bucear en el camino de las artes gráficas, de las técnicas del grabado, como el agua fuerte, la punta seca, igualmente incrementa a su técnica y a su obra el «monograbado» como él lo denomina; innumerables son sus muestras en estas técnicas en pequeños formatos, pero grandes en su expresión; «de orígenes y raíces» que va más allá con su dibujo decisivo y contundente como el reflejar de las batallas en las placas lumínicas, que solo la prensa sabe aplacar esa fuerza e imprimir límpidamente sus centauros y construcciones famélicas de gran libertad y de buena factura.

Frente a la relevante expresión de su arte y de su propuesta. Manuel Serrano se defiende y argumenta su obra en tres  facetas, o como él lo denomina en el "Tríptico del Pintor":

  1. Las raíces de ubicación en la búsqueda del ser;
  2. El abstracto, fruto de ese encuentro con el ser; y,
  3. El hombre que es hombre, como el mayor de los mitos universales.

La respuesta a «raíces» quizá se deba a su propio encuentro de descubrir en él, el arte milenario de las razas aborígenes, de involucrarse como dibujante encargado por la UNESCO, de ser un profundo conocedor del mestizo y del indio, de defensor de su identidad, incluso se inserta en esta temática no para falsear, sino para proponer un auténtico indigenismo con especie de realismo espiritualizado.

En su segundo argumento expresa que «El hombre no fue, el Hombre, quiso ser, se busca a sí mismo. Se ha descubierto... Ha llegado a ser. Entonces, el hombre es, se ha hecho a si mismo. A descubierto y a contribuido a la totalidad del mundo que se revela en sí mismo, que es historia, que no es sino el mismo hombre, y allí existe el hombre en esa totalidad del mundo».

En su tercer argumento -el hombre parece ser un desequilibrado mental, constituye y destruye, quiere la paz y hace la guerra, inventa las armas para su autodestrucción, entonces se vuelve perecible a sí mismo, como cualquier cosa, convirtiéndose en un mito existencial del universo-.

Manuel Serrano en sentido general se debate como un profético clamoroso que despierta intereses asombrosos, por su apegada suscitación del hombre, incluso de su origen, que parece evocar perdidamente con su reencuentro, su ficción atormentada con deseos de escapar y desplegar del conjunto a esas criaturas endemoniadas que se sumergen en su mente-cerebro; de ese ser interior que bulle tratando de encontrar su propio ser, su ser hombre o tal vez trajina su camino para encontrase con su YO artista que ha venido luchando con su YO personal.

Pero su encuentro parece que esta más cercano que sus sepias o carbones, porque se ha sumergido en una gran búsqueda con grandes encuentros como sus dibujos, dibujados tras la mancha y sus composiciones curvadas, del manejo libre de sus herramientas y materiales, de una visión antropológica como encuentro prodigioso del hombre, transformador del hombre. Sobre Manuel Serrano el Hermano Ticiano Cagigal García, expresa lo siguiente:

«Miro la obra plástica de Manuel Serrano y detecto en gran primer plano al hombre. Al hombre de carne y hueso, sí, pero cargado de espíritu. La lucha interior se manifiesta. Esa situación íntima es graficada. Una pulsión, una fuerza vital avasalladora irrumpe por doquier en «soma» (el cuerpo), en «sarx»(la carne). y asumo que es «nefes» (la vida) quien da esa vitalidad al cuerpo, pues sin nefes el hombre está muerto, o mejor, no es un viviente, y por sobre todo resuena una misteriosa presencia de luz en medio de una sombra casi aterradora.

Así lo veo a Manuel Serrano: como el hombre que es ser originalidad personal creada, que se debate en una lucha interior de luces y sombras, de amor y odio, de sublime y abyecto, de fuerza divina y poder satánico. El resultado del HOMBRE Manuel caótico se proyecta en su obra formal - abstracta, como exteriorización somática de todas aquellas apreciaciones de dolor, neurosis, preocupación, angustia y eros. Una simple enumeración de algunas de sus obras retratan al autor inquieto y buscador: «y el hombre se hizo en mí... », y amé el orgullo y la soberbia», «y fui esclavo de mi propio YO», «y la bestia se hizo en mí», «y al limbo bajé», «laberinto» y la serie de «confesiones». Así le veo a Manuel Serrano: en camino. Como el hombre que se debate dentro del hombre oscuro y tenebroso, carnal y posesivo, casual amorfo y partido, en búsqueda permanente de la fuente originaria de su yo, hacia la autorrealización originaria, que es transparencia de luz, entrega desinteresada, unidad desde dentro, relación de ágape. Así te veo, mi amigo Manuel; hoy hombre-sombra; mañana te veré hombre-luz porque buscas con sinceridad la presencia misteriosa que hay dentro de ti, dentro del otro y dentro de las cosas».

Fuente: Artes Plásticas del Siglo XX en Loja de Ángel Braulio Aguilar M

 
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