Ortega Rubén PDF Imprimir E-Mail
Índice del Artículo
Ortega Rubén
Crónica de Loja
 

Crónica de Loja

 

Crónica de Loja

 

Tu cuna, una planicie rodeada de montañas,

diseñada a propósito para contar auroras,

y el arco iris mismo bajó a las incoloras

aguas del Río Zamora  con las cuales te bañas.

 

Nunca aprendí a quererte, porque siempre te quise,

resultó innecesario desvelarme por ti,

si fluyes en mi sangre y en el altar que te hice,

mi ternura te reza, porque reinas allí.

 

En tus calles estrechas continúan las huellas

de los primeros pasos que intenté cuando vi,

que eras tan luminosa como son las estrellas

pero tu luz es otra, porque es parte de mí.

 

Huayna Cápac seguía la ruta a Tomebamba

y al contemplar el valle, como un niño dormido,

lo bautizó pensando, jardín que ha florecido,

y de emoción temblando, lo llamó Cusibamba.

 

Huraña e indomable, como lobo estepario,

no pudieron contigo ni cristianos ni moros;

tenías la bravura que hizo a los Bracamoros

preocupación constante para todo el Incario.

 

Llegaron otros tiempos, quisieron conquistarte

extraños que traían cruz y espada en la mano

y de ellos aprendiste a emplear el castellano

y lo conservas puro, como en ninguna parte.

 

Cierto que a tus campiñas llegó el Conquistador,

que no pudo orientarte, trazarte ni fundarte,

como a recién nacida, tan solo pudo amarte,

ya te había formado la mano del Creador.

 

Pequeña como un nido, te suspende el follaje,

conjunción milagrosa de ternura y encanto,

y siempre para todos eres abrigo y canto,

y también armonía escrita en el paisaje.

 

Se inicia tras los mares el lazo que te amarra

con el destino incierto de la raza agarena

y sabes que el remedio para matar la pena

está en las castañuela, el vino y la guitarra.

 

Vino con Mercadillo la gente granadina

y un puñado de jóvenes valientes y lojeños,

entre dos riachuelos, realidad entre sueños,

a la verde campiña la hicieron citadina.

 

Ciudad que los crepúsculos y los amaneceres

pintan cumplidamente de rosa, azul y malva;

ciudad a la que encuentra siempre despierta el alba,

ciudad de hombres serenos y de hermosas mujeres.

 

Ya muy pocos recuerdan la figura sencilla

del indio Pedro Leiva, que a la ilustre Condesa

curó de las tercianas con sólo la corteza

de ese árbol milagroso llamado cascarilla.

 

Brotaste de la tierra, flor aldeana y castiza,

tus casas y tus calles rompieron el paisaje;

y en tus plazas conservas el agreste ropaje

que luces los domingos para asistir a la misa.

 

Y cuando en el Pichincha peleaba nuestra gente,

una mujer lojana con traje de soldado,

en las huestes de Sucre, Incolaza Jurado,

fue ejemplo de coraje por verte independiente.

 

Gritos de rebeldía, en tus noches serenas

surgieron de repente, te guiaba el instinto,

y con el visionario que fuera Ramón Pinto

del dominio español rompiste las cadenas.

 

Por tus calles angostas paseó La Emancipada,

su garbo estremecía las orillas del Río;

el talento del sabio del sabio que fue Miguel Riofrío

la concibió rebelde, hermosa y liberada.

 

Pero vive presente, en la costa y la sierra

quien fue la primera médica que tuvo el Ecuador,

mujer de las Américas, única en su valor,

era Matilde Hidalgo, nacida en esta Tierra.

 

Al pie del Villonaco instalaste tu lecho,

con verdes cobertores bordados de retamas

y el milagro del día te trae en las mañanas

los copos de neblina que te sirven de techo.

 

Siempre está con nosotros Manuel Carrión Pinzado

que a García Moreno planteó el Federalismo

y gracias al talento que hubo en su patriotismo

hizo de la cultura el Norte del lojano.

 

Si por Pablo Palacios te admira tanta gente,

Felicísimo Rojas también te puso en alto,

pues con sus narrativas diste ese enorme salto

que te elevó a los Cielos, en todo el Continente.

 

Ciudad de gente altiva, tenaz, inteligente,

idealista y honrada como fue Isidro Ayora,

que lo renovó todo, cuando fue Presidente,

para que el Ecuador vea una nueva aurora.

 

Pero si nuestra historia, aún conserva el brillo,

que le dio Eduardo Kingman, con pincel milagroso

y la juventud triunfa, con aire misterioso,

tal como lo predijo don Pío Jaramillo.

 

Si Benjamín Carrión, de las letras amante,

enseñó en todas partes lo que era la lectura;

el arte de la música, con toda su hermosura,

llevó hasta los confines Salvador Bustamante.

 

Y sólo le decíamos poeta, padre, amigo,

en el canto del Río que arrulla la sauceda,

palpita su emoción, porque Emiliano Ortega

es continua enseñanza que vivirá conmigo.

 

Casitas de mi barrio, ciudad de mis abuelos,

retratadas con lágrimas, son el principio y fin

de todo lo que existe, de la Tierra a los Cielos,

porque yo sin mi Loja, no podría vivir.

 

Loja. Noviembre del 2004



 
< Anterior   Siguiente >

Publicidad

Si, no observa esta animación, no tiene habilitado javascript o la version de Macromedia Flash es demasiado antigua
Obtener la última versión de flash.

Agenda Cultural

Sin eventos