La Conquista Española PDF Imprimir E-Mail

El fin del incario se da cuando aparecieron los primeros españoles en el año 1526, en las costas ecuatorianas. Según las tradiciones incas, el retorno del Viracocha debía darse y esa premisa histórica confundió a los bravos incas que aceptaron al hombre blanco sin mayor resistencia. La guerra entre Huascar y Atahualpa también los había debilitado y bajo el liderazgo de Atahualpa, que demostró gran visión de futuro y de progreso, el imperio buscaba desarrollarse en paz y mejorar sus condiciones de vida. La agricultura había tomado gran preponderancia con el sistema de terrazas que permitió aprovechar las escarpadas montañas andinas. La producción estaba segura y el pueblo tenía para alimentarse y para ofrendar a sus reyes y a sus dioses.

Buscando mantener el dominio de tan extenso territorio, Atahualpa, quiteño de nacimiento, se instaló en Cajamarca, ciudad intermedia entre el Cuzco, Tomebamba o la actual Cuenca y Quito. Hasta allá llegaron los españoles para destronarlo. El hombre blanco y barbado lucía como la representación del señor Viracocha que retornaba y el caballo era una figura demasiado imponente para los indígenas que acaban de conocerlo. También sufrieron en carne propia la presencia de la pólvora y los arcabuces, instrumentos extraños para una comunidad que se apegaba a la naturaleza y no conocía estas técnicas avanzadas de conquista.

Los españoles trajeron estas tierras un idioma distinto que lo hemos  asumido como propio, una religión que los indo-americanos tampoco conocíamos, una cultura más avanzada que provenía del continente más antiguo donde habían florecido civilizaciones como la griega y la romana, tecnologías mas avanzadas en la navegación y el transporte y, desde luego, una organización social basada en el individualismo, tan distinta del sistema incaico que mas bien parecía un organización socialista donde todos trabajaban para todos y para el Inca.

Simultáneamente, vinieron los nuevos conceptos de arte, arquitectura y más expresiones culturales que se fundieron magníficamente con las expresiones de la cultura india. El peso de la religión católica se reflejó en los primeros pasos de la conquista, junto a cada conquistador había un sacerdote dispuesto a cristianizar a los "paganos" indígenas. Por eso, las ciudades se construyeron a partir de una plaza mayor donde siempre tuvo fuerte predominio la presencia de un templo.

Artículo: Paula Espinosa de los Monteros   (Mayo 1999)

 
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