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Letra: Matilde Hidalgo
Música: Antonio Hidalgo
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Coro
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Salve, Salve a la Virgen Andina
reina augusta que el genio bendice,
Celicanos; con voz que eternice
A la Patria loemos sin fin
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I
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Reclinada la hermosa Celica
del pintor a sus faldas nevada,
como diosa en diamantes bañada,
se nos muestra a la puesta del sol.
Y su frente ceñida de rosas
donde oculta la chispa la idea,
a la voz del clarín centellea
cual sonrisa del mismo arrebol
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II
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Y en la noche terrible que el cóndor
Silencioso en la cumbre gemía
Por la infamia, la negra osadía,
Con que a Loja ultrajaba el Perú,
La heroica y valiente Celica,
Descubriendo un soldado en cada hijo
Al traidor señaló un linde fijo
Y su madre calmó la inquietud.
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III
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Desde entonces, entusiasta y ardiente,
deteniendo el vaivén del peruano
que se aleja y se acerca, y en vano,
hollar quiere al potente Ecuador.
Es vanguardia que aspira imponerse
con las leyes de amor y progreso.
Es la ciencia su solo embeloso,
su ideal, el perdón tricolor.
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