La Cocina Celicana PDF Imprimir E-Mail

Una cocina como la celicana, abundante, suculenta y llena de sabores y olores exquisitos, solamente la tienen nuestros pueblos con profundas raíces, nuestros pueblos con heredad.

Podemos afirmar que la cocina, su práctica y desarrollo se aproximan, por su exactitud y sutileza, al bello arte del músico o del pintor,; sabias y precisas dosis, olores y sabores que perduran y so la delicia de nuestro sentido del gusto.. Lo que afirmamos es muy lógico, ya que si el comer es una praxis que repetimos tres a cuatro veces por día y durante todos los días, y cuya finalidad es conservar nuestra existencia y de la que en gran medida dependen nuestra salud y nuestra calidad de vida; entonces, nuestro buen comer es un actividad a la que le dedican nuestras mujeres muchos de sus mejores momentos y preocupaciones.

La cocina celicana inunda la mesa de platos sabrosos y tentadoramente presentados, de olores apetitosos, de manjares que pueden enfrentar con éxito el refinado gusto del más exigente sibarita , de papilas altamente sensibles: quesadillas, biscochuelos, bollos tamales, sambates, quimbolitos, roscones de vient, mazapanes, cecina con yuca, fritada y chcharrones con mote, perniles, mote y chicha de maní, miel con quesillo, toronches asados y pasados en miel, horchatas, coladas, bocadillos varios a base de dulce y maní: toda una amplia gama de dulces y mermeladas como entradas, platos fuertes, postres y las sopas: sancocho alverjas con guineo, repe, sopa de legumbres, etc. etc.

Las sopas de granos talvez deban contarse entre lo más representativo de la cocina celicana: esta buena costumbre gastronómica parece que es una vieja herencia de nuestras Kapullanas, con raíces muy hondas. La cocina sin duda alguna, representa una de las expresiones culturales más características y que mejor define la identidad de nuestro pueblo.

La cocina celicana no representa a clases sociales o grupos aislados; es un producto de la creación colectiva, patrimonio de todo nuestro pueblo y, en su desarrollo ha desempeñado su papel la mujer celicana maravillosamente bien.

La mesa celicana, la verdadera mesa celicana, es todo lo buena que se pueda esperar en una región en la que abundan las carnes de gran parted e animales domésticos conocidos, frutas, verduras, granos de todas las especies y un sentido epicúreo de sus habitantes: el mercado celicano es un emporio de abundancia: hay de todo y de mejor calidad, una verdadera fiesta de los sentidos: olores, colores, sabores y gustos.

En Cruzpamba y Sabanilla, con la verdadera cecina seca de carne de chancho, totalmente deshidratada, servida con yuca y cebolla curtida, podemos saborear los mejores y suculentos platos.

Por donde el viajero venga a Celica, se podrá deleitar con una cocina diferente y única, de sabores celicanos: molloco con maní, o chicharrón, yuca con mapagüira, emborrazados o pepián de yuca, cacadeperro o dulces de maíz o maní y liberales.

En Pózul con las nunca bien ponderadas arvejas con guineo, acompañadas de una deliciosa y suave tajada de aguacate; además, esta es la tierra  de toda esa gama de deliciosos bocadillos a base de raspadura y maní; la gastronomía dulcera: bocadillo, blanqueado, colación, rayados de cidra y alfeñiques.

 
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