Arias Carrión Eliseo PDF Imprimir E-Mail

Loja, 1918 - 1983

Era un joven de pequeña estatura, tez blanca, contextura gruesa y carácter dulce que se traslucía en la benevolencia con que solía tratar al prójimo, pero cuando tomaba la palabra se transformaba y enardecía, transportando su pensamiento a alturas de profundidad y belleza.

Muy dado a dar consejos útiles a sus sencillos parroquianos, aún se recuerdan los siguientes: Nunca pidas auxilio para aquello que tu puedes realizar solo. No compres nada inútil con el pretexto de que es barato. El trabajo hecho a gusto no cansa jamás. Mirad muy alto en la vida para poderla revestir del valor infinito que le otorgó la divina providencia. Siendo peregrinos en la tierra, debemos darnos la mano para llegar a la cima de lo grande y lo infinito, en donde la gloria será el premio de nuestro vivir. Las palabras amables aumentan el número de nuestros amigos. Hombres de lucha, no gastes el dinero antes de haberlo alcanzado. Piensa en el éxito y triunfarás, piensa en el fracaso y fracasarás. Hay que hacer que la mente trabaje a favor de nuestros éxitos y no en negativo de nuestras realidades. Para ser felices debemos amar en el sentido profundo y dadivoso de la palabra. No prescindir de nadie por sus defectos, todos tenemos en la vida algo que puede mancillar a los demás.

 
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