El muerto del confesionario PDF Imprimir E-Mail

Parte de historia, parte de tradición, veamos lo que nos han contado acerca de un hombre que después de muerto acudió a un confesionario.

En los albores del siglo XX era párroco de San Sebastián un sacerdote ilustre, sabio y virtuoso: el Dr Eliseo Alvarez quien recorrió campos y poblados recogiendo limosnas para la edificación de la actual iglesia de San Sebastián y por lo tanto a él se debe la realización de esa obra así como la instauración de la feria religioso comercial del 8 de diciembre, aniversario de la Fundación de Loja.

En los mejores años de esta feria dicen que fue igual o mejor que la del 8 de septiembre, pero decayó notablemente desde el saqueo ocurrido en 1906 que se conoce con el nombre de "Saqueo del Ocho" por haber ocurrido en 8 de diciembre del citado año.

y aunque cueste creerlo dicen que dicho saqueo se realizó por orden de un alta autoridad que, apremiaba porque no llegaban las cuotas del gobierno   para el rancho (comida de los soldados) que servían al ejército  acantonado en esta plaza, en vez de acudir a medios lícitos e inclusive a la filantropía de nuestra sociedad que siempre dio muestras de magnanimidad, ordenó a la soldadesca que procediera a "saquear  la ciudad por el lapso de dos horas".

Como es fácil de imaginar, aquella tropa hambrienta prácticamente se desbocó y arrasó la ciudad tanto en el aspecto material como moral, de modo que después de ese atrevido crimen lo único que le faltó a Loja fue arder igual que Roma en tiempos de Nerón para que así se lave y se purifique tanta miseria, pues los soldados no sólo robaron todo lo que pudieron, especialmente en las casas de las familias más acomodadas, sino que muchas mujeres fueron violadas y casi toda la gente ultrajada de una u otra manera.

Por no con poca razón la voz de Loja se levantó altiva y pidió todo el rigor del castigo especialmente para la autoridad que dio esa orden fatídica. Pero el mal ya quedó hecho y la que anteriormente fue una gran feria religioso-comercial, como se dijo antes, después del saqueo quedó convertida en un asombra de lo que fue.

Lo narrado anteriormente pertenece al campo de la historia. Veamos ahora lo que nos cuenta la tradición y que la gente asegura fue un hecho verídico que ocurrió algunos años después del  "Saqueo del Ocho".

Cuando el presbítero Dr. Eliseo Alvarez envejeció, perdió la vista y se quedó casi ciego, de modo que ya no podía trabajar y pasaba la mayor parte en la iglesia de San Sebastián ya sea orando delante del altar o sentado en el confesionario aliviando la conciencia de los fieles, de modo que allí lo encontraban a toda hora del día e inclusive la noche entera del jueves santo feche especial a la que hoy concurren la mayor parte de los fieles católicos para borrar sus pecados mediante el Sacramento de la Penitencia.

Y fue precisamente en la noche de un Jueves Santo cuando ocurrió lo inesperado. Faltaban pocos minitos para las doce de la noche  cuando salió en último penitente que se había reconciliado con Dios y el sacerdote iba a levantarse del confesionario porque creyó que ya no había más personas a quienes prestarles su ayuda espiritual cuando escuchó una voz desde el otro lado de la rejilla del confesionario, la cual le dijo:

!Padre, quiero confesarme!

Creí que ya no quedaba nadie en la iglesia...

Efectivamente así es. Ya no queda nadie en al iglesia.

Y usted...entonces... ¿quién es...?

Yo soy un alma de la otra vida. Un hombre que murió hace tiempo sin poder confesarse y especialmente sin poder arreglar un grave asunto de conciencia...

¿Y ahora que es lo que desea?

¡Quiero que me confiese!

Nadie supo que le dijo el muerto al sacerdote, pero en cambio trascendió en los medios eclesiásticos y luego en toda la ciudad que al día siguiente fue el Dr. Eliseo Alvarez a consultarle al señor obispo el grave asunto que le había planteado esa alma de la otra vida y cuya respuesta debí llevarle esa misma noche a las 24 horas al confesionario de la iglesia.

Después de cenar fue el santo sacerdote a sentarse en el confesionario y al sonar las campanadas de la media noche oyó la voz del mueto que le decía.

¡Ya estoy aquí¡

¡Muy bien! Le contestó el sacerdote ¿Me trajo la respuesta del

Señor Obispo?

¡Si!

Ya lo sabía y se también cuál es la respuesta.

Entonces... ¿Por qué has vuelto?

Porque necesito que me absuelva.

Comenzó el sacerdote a rezar en latín las palabras que rompen las cadenas del pecado y cuando terminó sintió que ya nadie estaba en la iglesia.

Sin embargo, haciendo un gran esfuerzo preguntó.

¿Aún está  aquí?

Nadie respondió.

Entonces salió del confesionario y tomando su bastoncillo de no vidente, fue arrastrando los pies hasta llegar a la Sacristía, en donde tocó la campanilla para que acudiera alguien a llevarlo hasta su habitación en el Convento.

A poco de este extraño suceso  y agobiado por la edad y por las emociones que le causó haber confesado a un muerto, falleció el Dr. Eliseo Alvarez y todos dijeron que fue un santo y un gran patriota, motivo por el cual su esclarecido nombre con justicia fue puesto a una prestigiosa escuela lojana.

 

Fuente: Loja de Ayer; Relatos, Cuentos y Tradiciones de Teresa Mora de Valdivieso;

 

 
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