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Carrión Mora Benjamín
Cartas del Ecuador
Nuevas cartas del Ecuador
 

 Nuevas cartas del Ecuador

PRIMERA 

SOBRE EL VIEJO PROYECTO DE "VOLVER A TENER PATRIA"

No. No era así. No podía ser así: la Patria resignada y humilde, la Patria que acepta, con un silencio cómplice, con una complicidad silenciosa, el que se le vayan cambiando sus esencias, se le vaya destruyendo su signo y su raíz. El Ecuador - excelencia para unos, estigma para otros - ha sido una patria rebelde. Y ahora, me encuentro - salvo excepciones muy raras - con un país abúlico, entristecido, sin ninguna expresión de insurgencia contra lo que con él está haciendo una minoría gamonalicia que se ha apoderado de sus timones de comando.

Este gobierno, se dice, no ha extorsionado - aun cuando sus personeros sean los técnicos de la materia - no ha abusado. ¿no ha abusado: Para quienes creen que el abuso solo puede ser medido por el número de presos o desterrados políticos que hay en un país, acaso sea esa una verdad gazmoña, verdad de beata chismosa y enredista.

¿Para qué ni cómo abusar de la violencia, de la represión, contra gente buena, humildosa y sumisa? ¿Contra gente que está casi gozosa con las desgracias que le han sobrevenido? ¿Contra gente que parece como que se hallara agradecida de que se le haya aliviado de la carga molestosa y pesada de la libertad? Viejo y vulgar dicho español: para que puedan administrarse patadas en las posaderas, se necesitan posaderas que se opongan a la marcha triunfal de las patas. Pero cuando hasta la genuflexión se la hace siempre hacia adelante y las salidas ceremoniosas se las hace - como en las cortes reales - sin dar la espalda al soberano, falta uno de los elementos esenciales para las patadas en las posaderas...

Dentro de las funciones del Estado - la vieja división de poderes que estableciera Carlos de Secondat, señor de Montesquieu un sagrado respeto se había mantenido para el personal y la obra legislativa. "El primer poder del Estado"; "el sagrado recinto de las leyes" eran, entre otras muchas, las expresiones populares con las que se señalaba, y se sigue señalando, la suprema actividad de dar normas para la convivencia de los hombres dentro de cada país.

Ahora, con aceptación jubilosa de la inmensa mayoría de quienes representan esa función suprema, la otra, la que debe ejecutar, la que debe obedecer, se alza con las atribuciones de la Legislatura. Y a socapa de una expresión legal clarísima, - sobre cada una de sus palabras están de acuerdo todos los diccionarios, desde los de uso escolar hasta el de la Academia -: Decretos - Leyes de Emergencia Económica, se legisla sobre lo divino y lo humano... ¿El Congreso, para qué? Menos mal que, de vez en cuando se escuchan voces inconformes, que no dicen siempre sí, sí, sí... O como en la tradición admirable de don Ricardo Palma: chi, chi, chi... Emergencia económica es la creación de un Seminario, para hacer curas de apuro. Además de la avalancha incontenible de los que se importan del extranjero. Emergencia económica es la creación de un Ministerio contra la clara voluntad de cuatro legislaturas anteriores, que aplastaron antes de nacida esta pomposa y vacua manera de resolver los problemas de la producción nacional: con escritorios, máquinas de escribir y empleados... ¿Que se enferma el banano, el cacao? Era de pensarse que lo necesario era técnicos fito-sanitarios y equipos para ellos. Pues no: suás, un Ministerio, un Ministro, escritorios y máquinas de escribir...

Malo, condenable, diabólico, la dictadura grande, el dictador terrible, el dictador brutal: García Moreno, Melgarejo, Rosas, Trujillo, Molina, Pérez Jiménez. Pero, dentro de su trágica maldad, esos dictadores casi parecen un homenaje de respeto al pueblo sobre el cual han caído como tempestad, como terremoto, como inundación. Pero esto que nos ha caído, es dulzón como la miel cerosa de los papeles papa-moscas, esta plaga que no duele sino come, con comezón molesta como la de los mosquitos del Valle de Chillo, que solo exige la rasquiña: "al que le pica le pica y al que le pica se rasca". Y al pueblo de este país maravilloso, el mejor de la tierra, lo están alejando de la protesta y el grito, que fueron sus modos altos y naturales de expresión ante las tiranías y las injusticias, para sustituirlo con la rasquiña, con el "rasca-bonito", que puede conducir a la llaga purulenta, a la llaga maligna...

Esto no es - ¡qué va a ser! - una dictadura. Esto que estamos viviendo es, por las apariencias, por lo externo, por lo "que se puede sacar a las visitas", un disparate decente, una especie de inocentada de 28 de diciembre... Pero, por dentro, por la intención con que está dirigido, es el más grande empeño regresivo de nuestra historia contemporánea.
Roeduras de ratón a la más grande conquista del pensamiento contemporáneo: el laicismo, que no es sino la expresión educacional de la libertad de pensamiento, establecida en nuestra constitución, consagrada en la Carta Universal de los Derechos Humanos, dictada en París, y que el Ecuador fue de los primeros en ratificar.

Pero más que eso: el laicismo es la expresión natural de nuestro pueblo. Su defensa y su esperanza, su fuerza y su futuro. Si a este pueblo, explotado durante siglos de colonia y de república por unas dos docenas de familias, se lo priva del derecho de pensar sobre sí mismo, de acogerse a las corrientes de civilización que pueden llegarle en el vehículo del libro, se lo mantendrá eternamente esclavizado, embrutecido, explotado...

El laicismo, contra el que han salido en campaña todas las fuerzas de la reacción, es el amigo natural de la libertad humana, de la justicia social, de las esperanzas de redención de un pueblo. Por eso se arremete contra él, utilizando las fuerzas negras de gentes extranjeras, que nada tienen que ver con la vida y la muerte de los pobladores de esta república mestiza.

Una vez, en Colombia, para derrotar a un candidato liberal, se le dijo, desde un diario conservador y reaccionario, que nada tenía que ver con los cementerios colombianos. Laureano Gómez - en el diario de Laureano Gómez - se le dijo esto a Turbay, candidato de una de las fracciones en que se había dividido el liberalismo. ¿Por qué? Por no ser de una familia de varias generaciones colombiana. A pesar de ser nativo de Santander del Norte. ¿Qué podremos decir nosotros ahora de la avalancha negra que nos ha caído - sobre todo a lo largo de la Costa ecuatoriana y a lo ancho del Oriente ecuatoriano-, a pretexto de educación y colonización? ¿Qué podrán enseñar esos extranjeros al servicio de la gamonalía, sobre nuestra verdad nacional, sobre nuestra historia patria, si lo primero que hacen es utilizar textos extranjeros, y dar versiones mentirosas de la verdad de la Patria? ¿Cómo podrán ser un antemural de la defensa de nuestro territorio, unos señores de afuera, al servicio de los gamonales, si con la misma intención pueden servir intereses extranjeros y adversarios?

Nadie más partidario que yo de la inmigración de técnica extranjera. Pero de técnica verdad. La atracción de cultura, que realizó en forma desinteresada el más grande de los gobernantes ecuatorianos de la historia, Eloy Alfaro, es la que debiera realizarse hoy: sabios, artistas, artesanos sin preguntarles su ideología, sin exigirles tonsura ni certificado de confesión. Ni menos que sean necesariamente jesuitas - pero nunca españoles - como lo hizo el tirano tremendo de nuestra historia - cuya historia en mil páginas acabo de escribir y saldrá pronto de las prensas del Fondo de Cultura en México. Alfaro trajo hombres de derecha y de centro liberal. Personas sin partido político, con la sola condición de que sepan su oficio. Oficio de militares, de músicos, de artistas plásticos, de entrenadores de bandas militares, de químicos, físicos, artesanos... Ni el General Luis Cabrera, ni Ugo Gigante, ni el señor Rey, ni el Comandante Viel, ni tantos y tantos otros vinieron con consigna de enseñar doctrina política o religiosa alguna. Tan grandes caballeros eran, que no lo hicieron jamás en tierra que adoptaron como propia.

Y lo mismo hizo con las gentes - nunca han ido al exterior, en proporción, más becarios gubernamentales - que enviara para que atrajeran cultura extranjera en las artes, las ciencias, la técnica de la educación o simplemente la literatura. Iban a París, a Roma, a Madrid, a Nueva York, a Berlín... No a aprender falangismo español como materia indispensable para ser un buen ecuatoriano; como materia sin cuya aprobación no se podría ejercer honestamente el oficio de hombres... Los que mandó el General Alfaro, los que mandó con igual sentido de patria el General Leonidas Plaza y los demás gobernantes liberales... Los que para atraer cultura se fueron becados con becas diplomáticas o consulares, hoy caminan por allí los caminos de la patria, como artistas, como profesionales de primera clase - en medicina sobre todo - como intelectuales que hoy hablan bien, no del General Alfaro sino del dictador García Moreno, cosa que en esta época viste bien, confiere aristocracia, consideraciones, comisiones y empleos...

Para educar a los hombres de esta patria no solamente se debería exigir que tengan algo que ver con los cementerios nacionales esos presuntos educadores de niños y de niñas; para defender los linderos de la patria, no solamente se debería exigir que tengan algo que ver con los cementerios nacionales esos presuntos centinelas de la integridad territorial: en los dos casos, se debe pedir que sepan del tuétano de la patria, de la esencia de la patria. Que tengan la sabiduría sencilla de amarla por sobre todas las cosas y quererla grande, libre y justa.

La razón de ser de esto que nos gobierna, reside en su encubierto empeño de violar la Constitución de la República, esencialmente laica, aunque dictada - en un período de mayor timidez - por los conservadores. El laicismo es el enemigo de la dominación del pueblo. Porque el laicismo enciende luces, y para dominar a los pueblos es preciso apagarlas. Es en la oscuridad de las cavernas, que se esclaviza mejor a los hombres y se los explota hasta el máximo. Es a favor de la oscuridad conciencial, que se puede mantener como animales a los indios, exprimirlos como a limones, y arrojarlos luego como basura, como desperdicio... La investigación científica internacional adjudica a nuestro país un puesto lamentable entre aquellos en donde se cultiva la esclavitud: contra ello, resultan de un ridículo sin excusa los comunicados de cancillería en que se declara que la esclavitud fue abolida por Bolívar...

He de seguir diciendo en estas cartas la verdad de la Patria, como lo hiciera hace dieciocho años, cuando la gran desgracia de la entrega, la mutilación y la derrota. Por hoy, me basta expresar mi pena por haberla encontrado después de algo más de un año de ausencia, sufrida, resignada, abúlica. Por haberla encontrado sin eso que, según Ortega y Gasset, constituye la esencia de las patrias: "un propósito de vida en común". Las patrias, como las familias, deben hacer, en la intimidad, con sus hijos, planes para vivir, cada vez mejor, en comodidad, en riqueza y en justicia. Las patrias deben tener un proyecto en su presente...

En mis primeras Cartas al Ecuador, dije la verdad de la historia y de la geografía, la verdad de mi amor. Allí están, sin que nadie haya podido contradecirlas, como documento de un ecuatoriano que habló, y halló eco en todas las colinas y valles de la patria. Se nos estaba conduciendo a la derrota, claramente, por la soberbia de pavo real de sus gobernantes de entonces.
Hoy, se nos está conduciendo a la caverna. Y parece que la patria no reacciona ante la pequeñita soberbia - no siquiera de pavos reales - de quienes, aparentemente tienen los timones del gobierno. Y se nos está conduciendo por los caminos lamentables del ridículo, de la demagogia chiquita. ¿Es que los ecuatorianos libres se han convencido de que tenemos "el mejor gobierno del hemisferio occidental"? ¿Es que los guayaquileños, gente de mente esclarecida, se dejan embaucar por eso de hacer de su ciudad "la más grande y poderosa del Pacífico"?
Ya en mis primeras Cartas al Ecuador, dije que lo que este pueblo no había tolerado a lo largo de su historia gloriosa, era que se lo esclavice ni que se lo haga el...tonto. ¿Me habré equivocado? Mi optimismo me responde que no. Me afirma, con la lectura sencilla de la historia, que este pueblo, bueno entre todos los pueblos, a veces espera, espera un poco para hacer respetar su verdad. Ya creo que está llegando el fin de aquella tolerancia misericordiosa. Es ya la hora de dar el primer paso: la unión de todos los que no quieren ni yugo ni caverna.

 

 

 

 



 
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