Moreno Iñiguez Víctor Antonio PDF Imprimir E-Mail

Sus grandes ejecutorias de maestro y su sensibilidad interpretativa, nos recuerdan su trayectoria artística de significación.

"Constituye un paradigma de juventudes de nombre, su trabajo, su anhelo porque la tradición musical y el cultivo de este arte se siembre en el corazón de las juventudes lojanas".

Víctor Antonio Moreno Iñiguez, nació en la ciudad de Loja, Parroquia El Sagrario, el 18 de agosto de 1909. Fueron sus padres: Don César Moreno Landín y Doña Rosana Iñiguez Armijos.

De tez blanca enmarcada por el cabello negro. Sus ojos pardos claros parecían reflejar la fortaleza de su espíritu noble. Su porte mediano se distinguía siempre, cuando en el diario trajinar por las calles de Loja, daba exquisitas muestras de respeto y cortesía, lo mismo al intelectual que al mendigo.

Su cultura la obtuvo del hogar, de los libros y esencialmente de la vida. Recibió educación primaria en la Escuela de los Hermanos Cristianos y continúo sus estudios en el mismo Centro Educativo; Sección Clase Comercial, en donde se perfeccionó como calígrafo y aprendió Contabilidad.

Más, no se crea que fue camino fácil su existencia. A los doce años cuando sus compañeros disfrutaban de los juegos propios de la niñez, tenía que ganar el sustento para él y su madre que había quedado sola. Para ello, enseñaba lecciones o realizaba tareas de Matemáticas, Castellano y Ciencias Naturales a sus compañeros que tenían cualquier dificultad en el aprendizaje. Además, se desempeñaba ayudando trabajos manuscritos en la Secretaría de la Escuela de los Hermanos Cristianos, quienes lo estimularon también para que se dedicara a la música. Lo habían visto crecer con la inquietud del arte; pues, según sus maestros desde los siete años, su juego preferido era buscar carrizos y formar con ellos los instrumentos que habrían de acompañarlo siempre, el flautín y la flauta y le gustaba ir a la Plaza Central de la ciudad a imitar las piezas musicales que se tocaban en las clásicas retretas domingueras; hecho que disgustaba a los integrantes de la Banda, quienes en más de una ocasión lo ultrajaron de palabra y obra. Así aprendió a tocar la flauta "al oído" y a los trece años fue llamado a integrar pequeñas orquestas, que actuaban especialmente en ritos religiosos locales o en los pueblos de la provincia. Fue Salvador Bustamante Celi, quien, convencido de la vocación de un futuro artista, le enseñó a tocar el flautín y la flauta técnicamente. Este Maestro compuso para que ejecutara su alumno; piezas obligadas para flautín, como el Himno Matinal y Auroral, en las cuales lucía su sensibilidad de interpretación con recursos expresivos y técnicos del referido instrumento.

A la edad de 24 años Víctor Moreno Iñiguez contrae matrimonio con Doña Angélica Alvear Pesántez, esposa fiel y abnegada que lo acompañó hasta el fin de sus días. De este matrimonio son sus hijos Guillermina, Víctor Hugo, Luz Angélica, Bolívar y Rosario Enith. En su hogar fue esposo y padre modelo, responsable, honrado y digno; supo inculcar en sus hijos el amor a Dios y al trabajo.

Aunque trabajó veinte y cinco años en la Fundación Alvarez Burneo, como Ayudante de Contabilidad y luego como Contador; siempre prefirió decir que su profesión era la de ser músico.

Sus éxitos artísticos lo llevaron a ocupar el cargo de Maestro de la Escuela Superior de Música -hoy Conservatorio- anexa a la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación en donde enseñó flauta, flautín y también Teoría Musical.

Todos cuantos supieron valorar su arte admiraban en la ejecución de la flauta una precisión y claridad interpretativa que en movimientos acelerados alcanzaba hasta un do agudo de 2.024 vibraciones por segundo.

Como compositor, escribió varias piezas musicales, pero las más conocidas son: "Antonieta" en honor a la hija de un amigo suyo, "Abraham" inspirada en un niño proletario y "El Enanito".

En pleno ejercicio de sus funciones como Profesor de la Escuela Superior de Música y como Contador de la Fundación Alvarez, enferma gravemente en enero de 1970 y muere el 1º de abril del mismo año, dejando tras de sí el recuerdo de un "Hombre en la totalidad de la palabra", un hombre que con su tesón y sacrificio supo triunfar.

 
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