Mónica Vanesa González Iñiguez y su pasión por la danza PDF Imprimir E-Mail
lunes, 28 de septiembre de 2009
 
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Mónica Vanesa González Iñiguez
Mónica Vanesa González Iñiguez
Cuando contaba con cinco años de edad, Mónica entró en la Academia de Baile CUDIC, lo que comenzó como un simple curso vacacional pronto se tornaría en una verdadera necesidad. Y es que el arte de expresarse a través del lenguaje corporal requiere vocación, sacrificio, habilidad y sobretodo carisma. Elementos presentes en la personalidad de Mónica, que la convirtieron en la intérprete principal de la representación dancística de Espartaco. En su piel fluyen las sílabas del movimiento, ilusiones y dudas propios de una joven de dieciséis años y una torrencial energía que delata su pasión por la danza.

Esta mujer soñadora nunca tiene los pies sobre la tierra, pues literalmente se encuentra suspendida en el aire, sosteniéndose tan solo en las puntas de sus dedos, esta posición es propia del ballet clásico y la danza contemporánea, Mónica nos cuenta que primero coloca en el empeine de sus pies la plataforma de hierro sostenida por punteras para no lastimarse y que finalmente cuando se para de puntillas se siente en otro mundo, convertida a merced del ritmo en una gacela a punto de emprender el vuelo a fantásticos universos sólo por ella inventados.

La danza no es para Mónica un simple pasatiempo o un hobby, pues ensaya de lunes a sábado desde las dos y media de la tarde hasta las mismísimas ocho de la noche, trabaja elasticidad, equilibrio, flexibilidad e incluso hace yoga, nos cuenta que cada clase tiene nueve ciclos: enfoque de intención, entrar en el espacio, calentamiento, movimiento dinámico, enfriamiento, juego de estiramiento y salir del espacio. Después explica: el cuerpo debe moverse guiado por el centro energético vital que se encuentra justo por debajo del ombligo, debe ir dibujando en el aire líneas y esferas, y atravesando todo un sendero de armonía entre materia y espíritu.

Su vida prácticamente se ha desarrollado junto a sus compañeros de baile del CUDIC por lo que una profunda hermandad los une entre ellos. Mónica aspira especializarse en Quito, España o Cuba y convertirse en una balletista profesional, después de terminar la Carrera de Puntas que se encuentra cursando en la Casa de la Cultura Ecuatoriana con la reconocida bailarina Aura Ocampo. Por el momento está cursando el Segundo Año de Bachillerato en la Especialidad de Químico-Biológicas en el Instituto Daniel Álvarez Burneo, pero espera pronto subir a los grandes escenarios europeos pues en sus propias palabras le fascina bailar para el público, entregarlo todo en cada presentación y absorber toda esa energía de los aplausos de un público emocionado y satisfecho.

Dentro de la danza, Mónica ha protagonizado varios géneros: folckor nacional e internacional, baile moderno, danza clásica y contemporánea pero es el ballet lo que realmente llena sus expectativas, el ballet es su corazón, su vida. Ha tenido varias presentaciones, asegura recordar la primera como si hubiera sido ayer, tenía siete años, el cielo despejado de Malacatos fue cómplice del nacimiento de una afición que iría acrecentándose a través del tiempo y de cada oportunidad de bailar localmente y en países como Perú y Venezuela, y en nuestro Ecuador: en Galápagos y Quito, donde además participó en el Concurso Internacional de Danzas, ganando medalla de bronce en la categoría de contemporáneo contra balletistas profesionales provenientes de todas las provincias del Ecuador, cuando niña también ganó junto al Elenco Infantil el segundo premio en el Concurso de Danza Folckórica en Oña. Dueña de un futuro realmente prometedor en el campo de la danza a su corta edad ya ha cosechado diecisiete diplomas, reconocimientos y certificados.

Franklin Mena, un compañero de baile, fue quien le inspiró a seguir su sueño y a quien aunque actualmente se encuentren alejados por la distancia le guarda un sentimiento de franca gratitud. A nivel internacional, Mónica admira a Alice Alonso, “ella es una bailarina de ballet cubana que lo pude todo en las puntas, su trabajo es logrado, cuando sube a escena parece perder su condición humana, se transforma en una especie de gaviota divinizada. Yo quisiera algún día ser como ella”.

Mónica con tu talento y potencial artístico seguramente lo lograrás, pronto Loja se enorgullecerá de tener una bailarina de ballet que brille con luz propia.

 

   

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