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En su acogedora “Casa Vieja” compartimos con Manuel Ignacio Salgado una verdadera tarde de reminiscencias, el lugar devela un poco su espíritu de hombre libre, de artista cabal de mediana estatura , cálido abrazo y mirada profunda, definitivamente un creador a tiempo completo, un ángel-demonio del teatro.
Fue uno de los primeros egresados y fundadores de la Escuela de Teatro de la Universidad Central de Quito, sus estudios los inició en el año 1973; ex integrante de “Mochianga” y “El Tinglado”, grupos teatrales de larga trayectoria a nivel nacional; ex Presidente de la Asociación de Teatro para Niños y la Juventud, profesor en varias universidades y colegios del país y ex director de la Compañía de Teatro del H. Consejo Provincial de Loja.
Entre otras de sus aficiones encontramos la cocina y la filosofía oriental, maneja diferentes técnicas como el tai chi y es un experto leyendo las monedas del I ching. Conozcamos más acerca de la excitante trayectoria de este singular personaje:
¿De dónde es oriundo Manuel Salgado?
Bueno, mis genes no son ecuatorianos, pero nací en el Chimborazo en el cantón Alausí, hace muchísimo, muchísimo tiempo (y se sonríe) En Loja voy viviendo dieciocho años.
¿De dónde cree Ud. qué nace su vocación por las artes escénicas?
El teatro es algo que se lleva en la sangre, este país con grupos de teatro en su mayoría experimentales con un mensaje coyuntural y político no podría haberme motivado, mi inclinación por el teatro es bastante seria, ortodoxa y profesional. Tuve la oportunidad de ver buenos grupos extranjeros lo que me permitió orientarme por el teatro, teatro.
¿Qué es el teatro, teatro?
Es la representación, la puesta en escena de ciertas circunstancias, un teatro de ideas, donde el actor tenga la oportunidad de hacer una identificación con el personaje, un teatro urbano como se ha hecho acá en Loja donde damos vida a una serie de personajes que los vemos entre nuestros amigos, problemas cotidianos tratados con seriedad.
¿A qué edad actuó por primera vez?
A mí me gusta el café por eso posiblemente tengo buenos recuerdos, mi primera actuación seria fue a los 15 años con mis propias poesías. De niño participé en 2 obras de teatro de mi escuelita pero eso no se podría llamar un inicio propiamente dicho.
En Loja ¿cree que el público está capacitado para apreciar buen teatro?
Son poquísimas las personas que disfrutan, entienden y gustan del buen teatro, esto se debe a que no hay tradición teatral, los pocos grupos de teatro han presentado sus obras con muchos esfuerzos, no hay continuidad y desgraciadamente sin la permanencia poco podemos echar la culpa al público.
En su juventud le decían el lobo estepario, ¿a qué lo atribuye?
Bueno, sigo siendo joven, la ventaja de los artistas es que jamás dejaremos de ser jóvenes, sé que el lobo estepario es un personaje solitario, introvertido, que gusta del arte, la buena música, la filosofía, muy exigente en el plano estético, ve el mundo desde otra perspectiva bajo un prisma mucho más profundo; si ese es el lobo estepario yo seguiré siéndolo.
¿Qué papel que le ha tocado desempeñar como actor es el que más le ha enriquecido?
Es ser un actor en la vida, permanente actor en la vida, estar pendiente de lo que pasa, ser parte de las circunstancias que vivimos, los actores tenemos buena memoria siempre estamos grabando hechos, a este país le falta un trabajo de actores no de burócratas, que lo único que hacen es observar desde afuera, lanzar algún plegable pero nada más.
¿En qué momento fue que dio el paso de la actuación a la dirección?
Ese paso desgraciadamente en este país se va dando de una forma coyuntural, mi trabajo como director se desarrolló a la par de mi desempeño como actor, la dirección de mi primer montaje la realicé a los veinte años en un colegio.
¿Cuál es la obra que ha dirigido o representado que más le enorgullece?
Todavía no la dirijo, todavía no nace la obra, pero he hecho espectáculos grandes, tuve la oportunidad de trabajar con 150 actrices en el Teatro Sucre, con coreógrafos, maquillistas, un espectáculo que lo soñé y que lo pude poner en escena, otra fue la Comedia Musical Don Bosco que continúan repitiéndola los salesianos y según sé el montaje sigue siendo el mío.
¿Cómo define su evolución artística desde sus inicios hasta hoy?
Ahora tengo mi propio estilo como director, se lo que quiero hacer, mi teatro es cada vez más profundo, se centra en la vivencia del personaje, donde el actor logra una identificación en cuerpo y alma; el lenguaje oral, textual está en segundo plano y es fácil para cualquier público saber lo que está sucediendo porque el lenguaje de las sensaciones es un lenguaje universal.
¿Se puede vivir del teatro?
Si creo, pero del teatro bueno, de calidad, de exportación, un teatro que haga vibrar al público, donde no haga falta el idioma, donde los personajes a través de sus sensaciones, de su cuerpo manifiesten un mundo especial, único. Calculo que para llevar un espectáculo de estos a Europa se necesitaría trabajar a tiempo completo dos años.
Casa vieja tiene relación con su interés por cultivar el teatro. Cuéntenos ¿cómo nació esta iniciativa?
Nació a pedido de algunos amigos, músicos lojanos de mi generación que se quejaban de no tener donde tocar, otro aspecto fue para hacer café teatro. Como mesón cultural este es un sitio para los bohemios, bohemio es aquel a quien gusta la conversación nocturna, una buena bebida, buena música, alguna picada, el otro es un borracho. Casa vieja es para bohemios.
¿Miedos?
Ninguno, porque de alguna manera todos los proyectos que he realizado se han cumplido, en mi caso miedo seria sinónimo de frustración, de quedarme a medio camino, pero soy una persona bastante obstinada y terca y lo que me he propuesto lo he conseguido, lógicamente sobre circunstancias bastante difíciles, dolorosas, frustrantes.
Dicen que los artistas tienen un temperamento melancólico, que tiende al suicidio, ¿usted ha pensado alguna vez en ello?
Son circunstancias adolescentes, del pasado, por qué pensar en ello si la vida es un permanente suicidio, yo acepto mi karma, estamos acá para aguantar y hay que hacerlo hasta el último momento, ya no tengo prisa, más bien vivamos simplemente vivamos.
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