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San Juan del Valle, una atractiva y colonial parroquia urbana de la ciudad de Loja, es escenario de en una práctica religiosa, en la que por más de 60 años consecutivos se recrea en vivo, la pasión y crucifixión del hijo de dios, evento en el que participan cientos de personas personificando cada escena de los últimos momentos de Jesús en la tierra, las vestiduras propias de la época nos trasladan momentáneamente a aquellos días, y el alto sentido de religiosidad se adueña de las miles de personas que congrega esta procesión, a continuación usted formará parte de una muestra de fe y sacrificio en la tradicional procesión del Valle.
La noche del pasado viernes 10 de abril llegó a su fin los preparativos
que desde hace más de un mes vinieron ejecutando cerca de 200 personas
con el fin de poner en escena los momentos más dolorosos de Cristo.
Romanos, judíos, sacerdotes, milicias, Cirineo, mujeres y Jesús
cargando una cruz, se enmarcan en un recorrido de 4 kilómetros por las
principales calles de la urbe lojana, acompañados de miles de
feligreses que no quieren perderse la oportunidad de formar parte de
este sacrificio humano que a más de uno logró conmover, cada paso de
este cuadro vivo es una verdadera expresión de fe.
Llama la atención el realismo de la recreación del trayecto que tuvo
que realizar Cristo cargando una cruz rumbo al Gólgota, la
concentración humana que sigue de cerca esta escenificación cristiana,
encuentran en este sacrificio una oportunidad de redimir errores.
Llanto, admiración y una colectiva sensación de culpa acompañan la
procesión.
Cada detalle es cuidado de cerca por los organizadores, las
estaciones se cumplen según lo exige el guión original, no se descuida
el más mínimo aspecto, tanto en la escenificación como en la parte de
seguridad, para los fieles que durante 4 horas escoltan al cuadro vivo.
Han pasado ya cerca de tres horas y las muestras de sacrificio de
los actores son cada vez más visibles, al estar cerca de quienes
representan a Cristo y Cirineo, se puede dar cuenta del dolor que
significa conciliar nuestras erradas acciones.
Quienes intervienen en este Vía crucis, asumen su responsabilidad
con un alto grado de fe y respeto, Oscar Fabián Alvarado, encarna a
Jesús, este acto a más de pagar por sus culpas y pedir por el
bienestar de sus seres queridos, representa en su vida la oportunidad
de incursionar en un bienestar espiritual.
La historia de sacrificio y devoción que encierra esta ancestral
tradición que llama la atención de miles de devotos, no es algo
superficial, significa para sus integrantes a más de la petición de
favores divinos, el mantener vivas nuestras costumbres religiosas
heredadas propias de nuestra cultura y que cada vez están siendo
desplazadas o simplemente olvidadas para dar paso a prácticas que nos
alejan de nuestra identidad cultural.
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